Por: Adelina Arellano
Fue más o menos así… En un bello palacio hubo un gran festejo de grandes personalidades entraban y salían, la gente del pueblo se asomaba por la puerta para ver qué acontecimiento ameritaba flores bellas, el agua cristalina de la fuente brotaba sin cesar, velas, vino blanco en las copas y las estrellas de esa noche brillaban un poco más. Esa noche hubo viejas canciones, letra de música que sólo hablaba del amor, de los encuentros apasionados y de los besos de una mujer. La resonata de las guitarras, panderos y violines lanzaron suspiros, latieron corazones y unieron almas.
Hubo sonrisas y alegrías las mujeres fueron halagadas, había logros que celebrar, personajes que reconocer y obsequios para enaltecer. Entre tantas féminas, estaba Ángel una de las damas del palacio quien estuvo recibiendo a todas las llamadas por el Rey: “bienvenidas y disfruten de una buena noche” así acompañó a todas las requeridas a su reservado, así recibió desde el mismo Rey y la Reina del palacio hasta las plebellas que cuidaban los establos, ordeñaban las vacas, la cocineras, afanadoras todas estuvieron ahí, las mujeres humildes del pueblo quienes modestamente vistieron sus ropas elaboradas por ellas mismas, esmeraron sus modelos con telas finas compradas con mucho sacrificio, pequeñas joyas y vistosos peinados porque pocas veces se tiene la cortesía de estar cerca del Rey. Asimismo llegaron condesas y doncellas en grandes carruajes con todos los lujos a su alcance, “a mí cerca donde el rey me este mirando toda la noche” dijo una de ellas con voz arrogante, y un despectivo gesto con la mirada hacia al hombro.
A lo lejos el rey miró la escena, y ordenó al capataz hacer unos cambios y dijo: Esta noche no hay nombramientos, quiero que todas las mujeres de mi reino sean iguales y trataré de estar con cada una de ellas. El rey estuvo atento para que todas las mujeres de su reino fueran únicas para que esa ocasión fuera la noche de las mujeres, al servicio sólo había cocineros, meseros y músicos que se esmeraron con tanta algarabía por ver tanta cara soriente.
Ángel, sólo estuvo al pendiente de que todas disfrutaran y sólo esperaba que terminara la noche porque ella necesitaba estar cerca del rey, pero no el de su pueblo, sino del hombre que reinaba sus pensamientos y su corazón. -Yo al rey lo veo todos los días- mientras bebía una copa de vino blanco y miraba a su alrededor para salir sin que nadie notará esa ausencia. Otra copa de vino entre las manos temblorosas porque para Ángel las oportunidades para salir estaban limitadas y ya era al filo de las 11:30 para salir corriendo del palacio sin que nadie notara su ausencia, valía la pena porque la sonrisa del que se había enamorado y mirado desde su ventana estaría, por fin cerca de ella.
Casi tambaleante, bajo el efecto del vino en la sangre y el vértigo de las emociones encontradas salio corriendo, atravesando el portón a media luz de las antorchas, la silueta de Ángel se disipó, entre las largas faldas y el glamour del protocolo, llevaba colgando clandestinamente la botella de vino blanco casi a la mitad, sin corcho que detuviera el liquido derramado y burbujeante con el que cada paso largo y veloz así como terminaba con su espera también empapaba más las finas telas de su atuendo.
Era un guerrero que apenas regresaba de la última batalla en defensa de la soberanía, combatiente del egoísmo y la avaricia que rodeaban el reino, erguido no sólo de postura sino de orgullo y por haber nacido virtuoso, gallardo y airoso. Era la segunda ocasión que merodeaba el palacio, vio a varias mujeres salir pero no estaba ahí Ángel, una esquina más abajo entre la oscuridad una sombra impaciente cruzó, para que pudiera ser vista. Entonces fue ahí donde el diestro de la milicia guió a su caballo con la montura de plata que brillaba con el único destello de la luna llena de esa noche, Ángel admiró aquella imagen, como si quien estuviera frente a ella sintiera la misma intensidad en el cuerpo y la atracción de sus miradas hablaran, como aquel día en que se conocieron en la bienvenida de los valientes.
Tomó su mano y subió al caballo perdiéndose entre la oscuridad, esa noche un bello beso en la mejilla fue el inicio de promesas, te quieros, deseos y cerca muy cerca de su oído le dijo “no sabes cuanto había deseado este momento” mientras esos minutos fueron fugaces Ángel veía en su pecho una cadena donde colgaban dijes con símbolos de anteriores enfrentamientos,-sólo falta la llave de mi amor, porque no encuentro quien pueda portarla- mientras sus dos cuerpos los cubrían tanta pasión guardada.
Al pie del portón del palacio, Ángel regreso casi a las 3 de la mañana, ebria de pasión nada más porque la botella de vino blanco se había quedado entre sus ropas, tiró de ella y la guardo en el lugar que más frecuenta del palacio.
A la mañana siguiente el rey notoriamente ofendido le dijo: “porque te fuiste cuando yo he preparado el mejor banquete, el mejor vino, el mejor evento de mi reino, mande seguir tus pasos mis ojos estuvieron vigilantes porque siempre te he protegido, pero no puedo abrigarte del dolor de las mentiras y de las falsas promesas de los hombres, porque los guerreros no vuelven jamás”. Ángel respondió – No soy digna de tu protección porque te he ofendido con mis actos, mi Rey a quien he dedicado mi vida- pero esta noche sólo quice confirmar que aunque yo esté ausente, tú estás fielmente conmigo- sacando de entre sus ropas la llave de oro e intento ponerla en el regazo del Rey, él le tomo la mano y agregó –guárdala, ponla en un lugar secreto, libre del sufrimiento, de penas y de engaños, porque ni yo soy digno de ella-. Ángel regreso a como todos los días a la cocina, y dijo al herrero – funde esta llave que no es digna de nadie y que sea entregada al héroe de la próxima batalla porque entonces ahí estaré para admirarla.
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jueves, 23 de julio de 2009
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