Espositas
Por: Adelina Arellano
Dada la aceptación y trascendencia de amigas y conocidas por el artículo “suegritas” y al comentario de mi tío “maike” que me dijo: “algún día serás una suegrita” (auchhh) también quise exponer esta etapa por la que pasamos las mujeres antes de ser una suegrita, ignoró si sea un antecedente que repercuta en el perfil de la etapa de suegra, pero eso ya es para una investigación a fondo, mientras vamos a ver que tipo de “espositas” existimos, vistas desde el punto de vista de Maitena ¡Claro!.
En nuestra cultura, desde niñas se nos educa para el matrimonio, la boda, el vestido y ¡sha la la! hasta con orgullo se pone enmarcado el azhar, junto con el lazo y el ramo de flores de migajón del aquel día soñado. Nuestra educación, el entorno familiar, temperamento y religión nos forman un perfil de esposa. Para las esposas también existe un sin fin de chistes y eufemismos para esta relación en matrimonio con el hombre: domadora, viejita, media naranja, dueña de mis quincenas, fiera, puchinguita, gorda, cariño etc.
Desde la perspectiva de Maitena también agrupa la forma de ser y tratar a los esposos en seis: Como a un padre: aquella mujer no puede salir, ni tomar una decisión por sí misma. Como a un hijo: “despiértate amorcito, ya llamé a la agencia y te van a esperar una hora, te calenté el agua para que te duches, cuando salgas te ayudo a ponerte te traje que te regalé ayer…y el otro responde mimado entre las cobijas: shí. Como a un enemigo: aquella que cuando conversa hay asuntos que no se tocan delante de su marido y en las pláticas “después te cuento, ahora tengo que colgar porque va llegando ya sabes quién”. Como a un hermano: aquella esposa intachable, que nunca pelea, comparte todo, lo mantiene impecable, no discute, es compañera fiel…el único defecto es que siempre le duele la cabeza en la intimidad…Como si no existiera: aquella que organiza una fiesta en casa con toda la familia, y su marido es el último en invitado –“amor hoy que regreses en la noche tenemos fiesta, hicimos pollo a la jardinera, pero como a tí no te gusta nos lo comimos compra algo en la esquina, chaooo”. Como si fuera la última coca-cola helada en el desierto: aquel esposo arrogante y ególatra, que le recuerda cual guapo es, buen padre y aunque vago y un poco flojo igual la quiere y la esposa agradece ese gesto de amor.
Estos perfiles son muy directos y a su vez muy ciertos, inconcientemente las mujeres adquirimos alguna o ambas de estas características, nuestra forma de tratar a la pareja habla de nuestros sentimientos, seguridades e inseguridades, anhelos y retos en la vida. Lo que sí no debemos olvidar es que ellos, los hombres, son nuestras parejas y como nosotras también tienen sus defectos (aunque más que nosotras ¡claro!) y debemos saber tolerarlos y aceptarlos (-¡ Hellooo! no son príncipes azules son seres mortales) Siendo además de espositas, compañeras, amantes, amigas, cómplices y lo que ellos siempre agradecerán: un apoyo en todos los aspectos y lo más importante que tenemos sobre nuestros hombres quienes son por naturaleza más instintivos es nuestra… inteligencia, sin degradar ni ofender, pero muy cierto. En la película “Casarse esta en Griego” la mamá le dá a su hija un sabio consejo antes del matrimonio: - “Hija los hombres siempre serán las cabezas de nuestras familias, pero nosotras somos el cuello para orientarla hacía donde queremos que mire”-. Como una luz que bajo de entre las nubes me entró esa frase y dije “buen punto”.
Ahora con el día internacional de las mujeres ví un sin fin festejos por nuestro día y una “quejumbrera” por todos los males a los que todavía nos aquejan, pero también se nos olvida que a veces y (más entre nuestros días premestruales) nos echamos un clavado al drama y ahí vamos a contar a la vecina de enseguida toditos nuestros sufrimientos: “mi vida es un infierno, no me quiere, no me respeta, no me habla, no me mantiene, no se preocupa por mí, ya no le importa, ya no me ayuda con los hijos, ya no viene a dormir, aquello se acabó, no me trajo flores, soy una desdichada, una esclava, una cenicienta, una sirvienta gratis y francamente ya no lo amo…y ya no puedo más” Pero veamos el lado opuesto de la moneda: como esposas ya vemos al marido únicamente como fuente de ingreso económico, que no debe ni puede faltar y es un esfuerzo que se vuelve tan cotidiano que lo damos por mecánico sin tomar en cuenta el esfuerzo y las limitaciones de ellos mismos por proveer el hogar, y para acabarla cuando llega ya tenemos la retahíla de problemas con boletas de calificaciones en rojo, deudas, jarrones quebrados, etc. y de paso, nos dejamos engordar ¡porque ya lo traíamos de herencia! y el peine nos pasa para ir con el carnicero, nos convertimos también en brujas gritonas, groseras, altaneras y prepotentes, más encima los bultos de los gastos y responsabilidades de la casa y de los hijos.
Espositas echemos una hojeadita al seno de nuestro hogar, veamos qué ingredientes nos faltan o nos sobran, para evitar que tengamos que atravesar, éste tipo de situaciones de la que nadie está exenta. También busqué unos chistecillos acerca de nosotras pero créanme todos están tan largos porque todos parodian los pliegos petitorios de las inconformidades de nosotras las espositas…quien nos entiende pues… y ya agote la extensión del artículo les mando algunos por correo: escríbeme a: adelina.arellano@gmail.com o visita: elportaldeadelina.blogspot.com ¡Hasta pronto!
Comparto para mis lectores los articulos más polémicos...
viernes, 14 de marzo de 2008
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